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(Artículo Publicado en Conoceceuta.com el 17 de Noviembre de 2003, con ocasión del primer aniversario de la creación de la web.)
En marzo de 1.808, habiendo ascendido al trono de España el rey Fernando VII tras la huída de Carlos IV a Francia, el ejercito francés del Emperador Napoleón, bajo el mando de los mariscales Junot y Murat, con la excusa de cruzar la Península Ibérica para invadir Portugal (Aliada de Inglaterra), se adueña de las principales ciudades españolas. Murat convence al joven rey de que se entreviste con Napoleón en Bayona, haciéndole este último renunciar al trono a Carlos IV y Fernando VII de sus derechos al trono. Proclama rey de España a su hermano José, creando una corte ficticia con varios españoles que aceptan al nuevo monarca y redacta la llamada "Constitución de Bayona".
Napoleón da orden de trasladar a Francia al resto de la familia Real; pero ante la resistencia y las lágrimas de los pequeños infantes, los madrileños cortan los tiros de los carruajes y comienza una matanza de franceses por las calles y plazas de Madrid. Los Capitanes Daoiz y Velarde y el Teniente Ruiz, natural éste último de Ceuta, se sublevan heroicamente en el Parque de Monteleón contra el invasor francés.
El 2 de Mayo de 1.808 los franceses que ocupaban España, querían trasladar a Bayona a los Infantes don Antonio y don Francisco de Paula. Esto hizo que el pueblo de Madrid cayese sobre los invasores dando muerte a algunos de ellos, pero cuando estos se reagruparon, fue imposible hacerles frente.
Los militares españoles tenían orden de no moverse y de disparar al tumulto que se había producido en la plaza de Palacio. En las calles los paisanos furiosos, se abalanzaban sobre los franceses armados. Estos decidieron ocupar el Parque de Artillería donde se encontraban los cañones que podrían ser utilizados en su contra. Los artilleros y la escasa tropa de Infantería española que ocupaban el Parque, aunque tenían orden de no disparar contra los franceses, decidieron no permitir la ocupación, pero la superioridad del ejercito invasor hizo que estos tomaran en poco tiempo el Parque de Artillería.
Mientras ocurrían estos hechos, el Teniente Jacinto Ruiz Mendoza se encontraba su casa enfermo en cama con fiebre. Al escuchar los primeros disparos en la calle, decide partir corriendo a la Calle Ancha de San Bernardo donde se encontraba su Cuartel para ocupar su puesto de combate. El Coronel de la Unidad, Marqués de Palacio, cediendo a las instancias del Capitán de Artillería D. Pedro Velarde y a las masas populares, decide enviar a la 3ª Compañía del Segundo Batallón al mando de D. Rafael Goicoechea con treinta y tres fusileros al Palacio de Monteleón para que hicieran respetar el Cuartel y Parque de Artillería que estaban allí situados.
Llegado al Cuartel de Artillería, en cuyas puertas se agolpaba la muchedumbre, Daoiz que era el más caracterizado desembaina la espada y manda abrir las puertas al pueblo. Desoyendo las ordenes de su Capitán, el Teniente Ruiz penetra en dicho Acuartelamiento dirigiéndose al Capitán francés en estos términos: "El primer batallón de voluntarios del Estado esta a la puerta y los demás vienen marchando. Ya que por vuestra parte han empezado las hostilidades es forzoso entregarse inmediatamente, de lo contrario seréis pasado a cuchillo". El francés temeroso permite el paso al batallón que en realidad era una escasa Compañía, colocándola Ruiz frente a los franceses, mandando preparar las armas, lo que hizo que los invasores arrojaran las suyas.
En ese momento, el artillero español que guardaba la puerta abre las mismas, permitiendo que la multitud penetrase en el recinto militar y se apoderase de las armas, aclamando a Ruiz como libertador. En lugar de quedarse en el Parque de Artillería para defenderlo, las masas salen corriendo con las armas por las calles de Madrid. Velarde consigue cerrar la puerta quedando en el interior 80 civiles armados y encerrando a los 81 franceses en las cuadras situadas en el fondo del patio del Parque. En ese momento se presenta un destacamento francés que viene a recuperar el Parque. Ante la negativa de los voluntarios españoles, se produce una descarga francesa que es contestada por los españoles, causando numerosas bajas entre el enemigo y la huida de este. Unos momentos después regresan con gastadores con hachas que empiezan a romper las puertas, pero el fuego de los fusiles y el disparo de cañón que realizan desde dentro Daoiz y Velarde consiguió ocasionar numerosas bajas al enemigo obligándole a retirarse.
El pueblo armado atacó a los franceses desde la retaguardia, haciéndoles replegarse. Daoiz y Velarde aprovecharon para sacar dos cañones y colocarlos a la derecha de la salida del cuartel mirando hacia la calle Ancha de San Bernardo, dejando otro en la puerta que da a la actual calle Dos de Mayo. Otro permaneció en el patio y el último, servido por las mujeres cuando murieron o fueron heridos los artilleros, se situó en las calles que estában en el extremo superior de la de San José.
Se consigue durante más de tres horas, con poco más de 100 hombres entre artilleros, soldados y paisanos, repeler los tres furiosos ataques realizados por más de 1.000 franceses. Uno de los cañones fue confiado a Jacinto Ruiz, quien resultó herido en el brazo izquierdo por una bala de fusil, no cesando por ello, a pesar de la abundante sangre que pierde, de dar voces de Fuego a los artilleros. Tras serle vendado el brazo, volvió a su puesto que era cañoneado por dos piezas enemigas emplazadas en la calle Ancha. En ese momento aparece una columna cuyo jefe es el Capitán de voluntarios D. Melchor Álvarez quien expresa a Daoiz la indignación del Gobierno por la revuelta que encabezaban contra los franceses. Ese momento es aprovechado por el enemigo para por sorpresa aproximarse a las tropas españolas con la intención de atacarles. Dándose cuenta del hecho, Ruiz hace fuego de cañón, abriendo una brecha en las tropas francesas. Se inicia una lucha cuerpo a cuerpo, quedando prisioneros el Coronel y algunos Oficiales franceses; cargando estos a bayoneta y contraatacando el pueblo. Cae Daoiz mortalmente herido de una estocada, mientras que Velarde es asesinado por un disparo que le entra por la espalda y le sale por el pecho disparado por un oficial de la guardia francesa. Solamente Ruiz queda dentro del patio dispuesto a continuar la lucha hasta sus últimas consecuencias. En ese momento, con escasez de municiones, rodeado de cadáveres y humo, un segundo balazo penetra por la espalda y sale por el pecho, dando con él en tierra y cayendo así el último defensor . En ese momento acaba la lucha debido a que el Capitán Goicoechea se rinde y el enemigo entra en el Parque de Artillería.
El General francés Murat, enterado de las elevadas pérdidas que había tenido la División Lefranc, ordena fusilar a los defensores españoles y en especial al Teniente Ruiz. Este había sido conducido en hombros por sus soldados, depositándolo en su cuartel y desde allí es trasladado a su domicilio, sito en la Casa de Dña. Mª Paula de Variano donde se oculta, siendo curado de sus heridas por el doctor D. José Rives. La noticia que oyó a sus asistentes de que había sido sentenciado a muerte le hizo arrojarse de la cama lamentando no haber perecido son su compañeros Daoiz y Velarde; teniendo los presentes que retenerle en el lecho.
El doctor Rives consigue mejorarle de sus heridas y Ruiz decide incorporarse a las tropas que combatían contra los franceses. El Gobierno le destinó a un Regimiento de Guardias Valonas de Badajoz, laureando su heroísmo con el empleo de Teniente Coronel. Agravándose sus heridas, Jacinto Ruiz vivió en Badajoz bajo el cuidado de su tío Juan Cebollino, Tte. Coronel del Regimiento de Badajoz y más tarde en Trujillo (Cáceres).
El 11 de marzo otorga testamento militar donde hace declaración de sus bienes entre los cuales se encuentran una cantidad de dinero efectivo, un reloj de plata, unas espuelas y dos cubiertos del mismo metal, dos sortijas de oro, una maleta, varias prendas de vestir, tres pistolas y un caballo con los arreos de montar. Fallece el 13 de marzo de 1.809 cuando aún no había cumplido los 30 años. El 14 de marzo de 1.809 se le dio sepultura en la parroquia de San Martín de Trujillo. En junio de 1.823 su cenizas serían trasladadas a Cádiz junto con las de Daoiz y Velarde para ser colocadas en la Catedral.
En la actualidad, las cenizas del Teniente Ruiz se hayan repartidas por varios puntos de la geografía nacional, encontrándose una parte de ellas en el Museo de la Legión de Ceuta y otra en el Museo Militar de la Coruña.
Como premio a su heroísmo, la Regencia del Reino dispuso que en la Sala donde se celebraba sus sesiones se inscribiese la frase de "El Inmortal Africano don Jacinto Ruiz Mendoza". Pasan los años y en 1.814, una vez regresadas las Cortes y la Regencia a Madrid se decide honrar a los héroes del 2 de Mayo, exhumando las cenizas de Daoiz y Velarde para depositarlas en un panteón común que perpetuase su memoria. Sin embargo Jacinto Ruiz queda un tanto en el olvido, probablemente al ignorarse donde se encontraban sus restos. Su padre, D. Amador Ruiz Linares, envía al Rey desde Ceuta una carta fechada el 25 de Junio de 1.814 en la que expone que "se encuentra dichoso de haber sacrificado a la Patria un hijo tan digno, y que se siente al propio tiempo desgraciado y ofendido por el manifiesto agravio que ha hecho el Gobierno a su memoria, al no expresar, el menor recuerdo de su gloriosa muerte, olvidando que la Regencia primitiva dispuso se inscribiese en su Sala de Sesiones el nombre del "Inmortal Africano". Para subsanar el agravio, la Corte del Rey Fernando VII concedió solamente la medalla que se otorgaba a los parientes de todas las víctimas del 2 de Mayo, el ascenso a Subteniente del Fijo de Ceuta a su hermano menor Antonio Ruiz, quien hasta ahora era cadete del mismo; y la recomendación de que se tuviera presente a su hermana Salvadora para una pensión de "viudedad cuando las posibilidades del erario lo permitiesen".
Para subsanar el agravio, la Corte del Rey Fernando VII concedió solamente la medalla que se otorgaba a los parientes de todas las víctimas del 2 de Mayo, el ascenso a Subteniente del Fijo de Ceuta a su hermano menor Antonio Ruiz, quien hasta ahora era cadete del mismo; y la recomendación de que se tuviera presente a su hermana Salvadora para una pensión de "viudedad cuando las posibilidades del erario lo permitiesen".
Setenta y cuatro años después, en 1.888, la memoria del Teniente Ruiz comienza a ser reconocida como se merece. El Teniente de Infantería D. Pedro A. Berenguer publica en "El ejercito Español" un artículo con el título "Homenaje a un mártir olvidado de nuestra Independencia". En él propone un homenaje nacional a la figura de Jacinto Ruiz, así como la erección de un monumento auspiciado por los Cuerpos e Institutos del Ejército.
La Reina María Cristina, regente durante la minoría de edad de D. Alfonso XIII encabezó la suscripción con 5.000 pts, aportando las mismas cantidades el Senado, el Congreso y el Centro del Ejército y la Armada y el Cuerpo de Carabineros. Se realiza una suscripción en todas las Armas, Cuerpos e Instituciones del Ejército de un día de haber a todos los Generales, Jefes y Oficiales del Ejército y la Armada. El Casino de Madrid y el Banco de España se suscribieron con 1.000 pts. La Guardia Civil, los Obispados participaron con cantidades diversas. El Ayuntamiento de Ceuta contribuyó con 500 pts y el Regimiento Fijo de Ceuta con 180 pts, además de aportaciones civiles y militares de la ciudad. También contribuyeron los Ejércitos de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
En 1.890 se cierra la suscripción con 87.496 pts. La Comisión Ejecutiva creada encargó el proyecto del monumento al escultor Mariano Benllirue que residía en Roma y contaba con una edad de 28 años. Desde Roma se desplaza a Madrid con bocetos y maquetas, siendo aprobado el proyecto. El monumento llevaría un basamento de cinco metros de lado con escalinatas, un pedestal de cuatro metros y sesenta centímetros de altura. La estatua mostraría al Teniente Ruiz con el sable desenvainado y el pelo revuelto, en actitud de ataque, animando a sus huestes. El pedestal contaría con varios bajorrelieves de bronce, coronas, banderas, trofeos y frisos. Por el proyecto de la obra y realización, Benlliure cobraría ochenta mil pts. El 29 de Abril de 1.891, la Reina Maria Cristina el Real Decreto que es suscrito por el Ministro de la Guerra, D. Marcelo de Azcarraga, por el que se le otorga a Jacinto Ruiz los honores que su padre reclamara en 1.814. En su artículo primero decía: "El nombre inmortal del Teniente D. Jacinto Ruiz Mendoza figurará siempre en el Cuadro de Oficiales de la Primera Compañía del Primer Batallón del Regimiento de Infantería del Rey Nº 1, donde pasará revista, y al ser llamado por el Comisario con el expresado objeto, responderá el Jefe del Batallón: Presente". El artículo segundo ordenaba que el elogio del mencionado héroe se leyera todos los años en la Academia General Militar al verificarse la apertura de la primera clase, a fin de estimular a los alumnos a seguir su ejemplo. Y el tercero disponía el ceremonial y protocolo a observar el día de la inauguración de su monumento, rindiéndosele honores de Capitán General. El 4 de Marzo de 1.891 se coloca la primera piedra de dicho monumento en la Plaza del Rey de Madrid, comenzándose inmediatamente después la construcción. Los materiales utilizados fueron mármol negro de Mañaria, rojo de Sigüenza y gris de Carrara bajo la dirección de los marmolistas hermanos Arévalo. La estatua y bajos relieves de bronce fueron fundidos y enviados por Benlliure desde Roma.
El 2 de Mayo de 1.891 se procede a la inauguración de la estatua, agolpándose en la Plaza del Rey de Madrid una gran multitud. A la misma asistieron los descendientes del héroe entre los que destacaba Teresa Ruiz, sobrina del Jacinto Ruiz. A la derecha se encontraba el jefe del Cuarto Militar del Rey, representando a S. M. la Reina Regente. El alcalde de Madrid, Sr. Rodríguez San Pedro y los tenientes de alcalde representado al pueblo. El Ministro de la Guerra D. Marcelo Azcarraga representando al Ejército, el Gobernador de la provincia y los miembros de la Diputación provincial y la Comisión que representaba el Alcalde y el Ayuntamiento de Ceuta. A la izquierda el General Martínez Campos, presidiendo a la Comisión nombrada para realizar la idea de construir el monumento y los Directores Generales de todas las Armas e Institutos del Ejército. A pesar de la multitud congregada, el acto comenzó reinando un impresionante silencio; tomando la palabra el General Martínez Campos y posteriormente el General Azcarraga, dedicando ambos palabras de elogio al héroe. Terminados los discursos, las tropas presentaron armas, batiendo las bandas la Marcha Real, y procediéndose entre vivas a España y al Teniente Ruiz, a descorrer la bandera que cubría la estatua del héroe. Se depositaron al pie del monumento más de un centenar de coronas y seguidamente, al mando de línea del Capitán General de Madrid, D. Manuel Pavía, se realizó un magno desfile donde participaron formaciones de todas las Armas, terminando a las doce de la mañana el acto.
El 4 de Marzo de 1.908, con ocasión de la celebración del Centenario de los hechos del 2 de Mayo de 1.808; el Ayuntamiento de Ceuta dirigió un oficio al escritor local Antonio Ramos Espinosa de los Monteros, nombrándole "Cronista de la Ciudad, sin sueldo ni gratificación" y encargándole la confección de un "periódico o folleto" en conmemoración de la Guerra de Independencia y que sirviese para ensalzar los heroicos hechos realizados por el hijo de Ceuta, Jacinto Ruiz Mendoza. Con suma premura, el cronista tuvo que recopilar los textos, trasladarlos a Málaga e imprimir el libro, ignorándose si se hizo antes del 2 de Mayo. Lo que sí se sabe es que el mismo apareció en 1.908 con el título "1.808 - 1.908 - CEUTA A JACINTO RUIZ MENDOZA". En sesión de fecha 3 de noviembre, el Ayuntamiento decide mandar una carta de agradecimiento a Antonio Ramos Espinosa por el excelente trabajo realizado.
En Mayo de 1.908 se celebró en Madrid la conmemoración del primer centenario de la jornada del 2 de Mayo. Los actos comenzó por la mañana con una función religiosa en la Iglesia de San Francisco el Grande que fue oficiada por el obispo de Madrid-Alcalá; pronunciando la oración fúnebre el Padre Calpena. Posteriormente se realizó una procesión cívica en la cual el Rey tomó parte de ella haciendo el recorrido a pie, rodeado de ocho alabarderos y seguido de los infantes y del Gobierno en pleno. Las tropas cubrieron toda la carrera, desde San Francisco, pasando por la Calle de Alcalá hasta el Prado, donde se dispuso una tribuna para que presenciasen el desfile la reina Dª María Cristina, la princesa Beatríz, las infantas Dª María Teresa y Dª Isabel y la princesa Dª Luisa de Orleans. Solo se vio privada de hacerlo, por lo avanzado se su estado, la reina Doña Victoria. Con ocasión de dicha conmemoración del 2 de Mayo de 1.808, también tuvo lugar como todos los años un acto religioso, en el altar portátil que se colocaba en la calle de Ruiz, en el mismo punto donde murió el heroico Velarde. La pequeña plaza del 2 de Mayo había sido engalanada profusamente por el Cuerpo de Artillería. En torno a los jardincillos se improvisó una verja con atributos militares. En las desembocaduras de las calles se levantaron arcos con banderas y gallardetes. La histórica puerta se encontraba cubierta de coronas, flotando en lo alto una bandera nacional de fina gasa y luciendo colgaduras todos los balcones de las casas. La misa fue oficiada por el obispo de Sión, asistido de varios capellanes castrenses. S.M. junto con la Familia Real asistió a ella, siendo vitoreado por el pueblo que llenaba por completo la plaza y las calles que a ella conducían.
Cada Dos de Mayo, en la plaza del Teniente Ruiz de nuestra ciudad, con las asistencia de las primeras autoridades civiles y militares se continuó celebrando un acto como homenaje a Jacinto Ruiz Mendoza y a los héroes del Dos de Mayo.
En Mayo de 1983 se cumplió el 175 aniversario de la gloriosa efemérides, siendo reeditado el libro dedicado a Jacinto Ruiz Mendoza como homenaje al héroe ceutí y como recordatorio a su autor, Antonio Ramos. Dicha edición es preparada por Alberto Baeza Herraiz añadiéndole un artículo suyo titulado "Jacinto Ruiz Mendoza - Héroe olvidado y después enaltecido". También incluía fotografías de la revista "Nuevo Mundo" en la que se reflejaban los actos y celebraciones del Centenario del 2 de mayo en Madrid". El libro terminaba con un Apéndice que incluía la Partida de Bautismo, Testamento y Partida de Defunción de Jacinto Ruiz. La imagen de la portada se obtiene del cuadro del Teniente Ruiz que se encuentra expuesto en el Antiguo despacho del Alcalde de Ceuta (Ver primera imagen de este artículo).
--------------------- Este artículo se publica el 17 de Noviembre de 2.003, faltando tan solo cuatro años y medio para que se celebre el Segundo Centenario de los hechos del Dos de Mayo. En dicho centenario se deberá homenajear, junto con el resto de los héroes, a JACINTO RUIZ MENDOZA, español y ceutí universal, del cual todos sus paisanos debemos sentirnos orgullosos.
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