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Así como el sistema de fortificaciones permanente abaluartado fue experimentando por primera vez en Ceuta con la construcción del conjunto defensivo de las Murallas Reales del Frente de Tierra y después utilizado por todos los ejércitos modernos de la época, igual ocurre con el modelo de castamentación estable neomedievalista que, también aquí se puso en práctica por primera vez y más adelante fue imitado por las potencias europeas en las guerras coloniales de la Edad Contemporánea.
La experiencia vivida por las tropas españolas que intervinieron en la Guerra de África de 1.859 - 60, puso de manifiesto la necesidad de disponer de unas fortificaciones estables de pequeño o mediano tamaño, capaces de aguantar las embestidas de tropas irregulares muy numerosas, bien dotadas de armas ligeros, pero carente de artillería de retrocarga, que se lanzaban contra los pequeños reductos hasta entonces existentes, contra los cuales, los colosales bastiones de Bauban resultaban, por su excesiva volumetría y alto coste en tiempo y dinero, poco prácticos, encontrándose la solución en la fórmula medieval de las torres circulares o poligonales de reducidas dimensiones y altos muros con troneras, rodeadas de profundos fosos salvados por puentes levadizos y dotadas de aljibes para el almacenamiento de aguas pluviales. Terminada la contienda y delimitada la nueva frontera de Ceuta con Marruecos por el tratada de Wad Ras, firmado el 26 de abril de 1.860, se construyeron entre 1.860 y 1.870 en las cimas más altas de Sierra Bullones varios fuertes y fortines tanto para vigilar la línea fronteriza, como para prevenir posibles ataques. Estos de Norte a Sur son: Fortín de Benzú: Fue proyectado en 1.866 y reformado en 1.881. Presentaba 3 ordenes de fuego de fusilería y constaba de dos pequeños cañones. Tenía capacidad para 60 hombres. Fue destruido en época moderna a causa de la explotación de una cantera allí existente.
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